Personas, asociaciones y gobiernos se han empeñado, a través de diferentes proyectos nacionales, regionales y universales a promover la educación. También en nuestro país se han movilizado fuerzas sociales que empujan una renovación educativa. Esfuerzos no han faltado. Se han sucedido varios planes decenales y se repiten propuestas y planes.
Desde la conferencia de Jontiem, Tailandia, en 1990, se ha generado un movimiento de conciencia que reconoce la educación como un derecho humano, como un derecho de todos, pero en la práctica excluyente para miles de millones de ciudadanos que no tienen acceso a ella.
Personas, asociaciones y gobiernos se han empeñado, a través de diferentes proyectos nacionales, regionales y universales a promover la educación. También en nuestro país se han movilizado fuerzas sociales que empujan una renovación educativa. Esfuerzos no han faltado. Se han sucedido varios planes decenales y se repiten propuestas y planes.
Aulas y equipamiento han crecido, ha aumentado la escolaridad, sobre todo a nivel básico, se han hecho ingentes esfuerzos para mejorar las condiciones académicas de los docentes, pero no se ha dado una transformación que rompa los índices de analfabetismo, mejore los conocimientos académicos, forme en valores y prepare para la vida a los alumnos. Deambulan jóvenes des-escolarizados, aumenta la deserción sobre todo a nivel medio, y la escuela no disciplina ni habilita para la vida. Es triste el caso de jóvenes que acceden a la educación superior con sencillos conocimientos básicos en, por ejemplo, en matemáticas y lenguaje.
Parece que el problema de la renovación en la educación va muy unido a cambios en el orden social, político y económico de los pueblos que lo demandan y respaldan. Si tomamos el ejemplo de la renovación hostosiana de fines del siglo XIX notaremos que ella fue parte del movimiento que se creó en Europa y en nuestro país. En Europa se gestaron movimientos pedagógicos y en el país se hizo vida la demanda y participación en la educación. Se unió la demanda de educación con la disponibilidad de recursos económicos procedentes de los ingresos de las exportaciones de tabaco y azúcar. Hostos, en su propuesta docente de 1979 unió un plan académico y uno económico para solventar la educación. Hostosianos o no fueron muchas las personas que vincularon sus vidas a la educación de manera espontánea, como vocación. El maestro tenía prestigio social, era consultado, reconocido y admirado.
El país, de cara a un próximo cambio de gobierno, reactiva la preocupación educativa como se puede ver en los programas electorales y en las demandas de grupos y comentaristas.
Se necesita de un ministro de Educación líder que represente y unifique a los amplios sectores sociales actores o preocupados por la educación, de un Consejo de Educación representativo y operante que dinamice y supervise la administración educativa, de un gremio de docentes que busque la forma de que sus luchas reivindicativas se unan al compromiso por respetar el horario de clases y el cumplimiento del currículo escolar, sobre todo de los alumnos pobres de las escuelas públicas, y de padres de familia que acompañen y supervisen la escuela de sus hijos.
Tendríamos que integrar a la educación más personas e instituciones no gubernamentales que asuman sectores de la educación sin los condicionamientos partidarios y gremiales.
El Ministerio debe respetar los planes que se ha dado, al menos por un decenio, que es el tiempo requerido para ejecutarlo y ver los resultados. Sería bueno que comprendieran que es más importante ejecutar bien lo sencillo que es hacer grandes y costosos planes.
Nuestras necesidades son tan precarias que en muchos casos dotar a las escuelas de pizarrón y tiza es una alta revolución educativa. Ya llegarán los tiempos de la alta tecnología.
Y estar abiertos a implementar un objetivo que él se ha dado: la rendición de cuentas, la transparencia en el gasto. Evitar la improvisación, cumplir los planes y hacer lo que se puede.
Entonces así podríamos buscar la forma de cumplir un objetivo que nos hemos dado y demandamos, el aumento de la asignación presupuestaría.
El autor es sacerdote jesuita, director de la Asociación
Fe y Alegría.